BASTA DE VIOLENCIA

De chico, creo que cuando tenía apenas cinco años, y sin que nadie en mi familia me impulsara, nació mi amor profundo por el fútbol.
De hecho mi padre nunca fue futbolero, y por eso hasta el día de hoy se pregunta y me pregunta el porqué de mi fanatismo por el fútbol en particular y por el deporte en general.
Eran tiempos de TV en blanco y negro y de esas radios de onda corta con las que podía sintonizar radios de Buenos Aires en las que transmitían los partidos de Boca, mi club, algo también inexplicable, no se porque soy hincha de Boca, pero eso es un tema aparte.
Como las transmisiones televisivas no eran lo que son en la actualidad, mi partenaire fue la radio, ella me transportaba a un mundo imaginario que solo conocía a través de imágenes difusas de TV.
Siempre le pedí a mi viejo que me llevara a la cancha, y su respuesta era la misma: “sos muy chico, es muy peligroso”, nunca pude entender esas palabras, y sentía una especie de rechazo hacia él cuando me negaba lo que más quería en el mundo.
Cuando tenía 11 años, y luego de una insistente lucha, accedió a acompañarme, no recuerdo el partido, lo que sí, fue mi admiración, el ver el césped verde, y no en gris como en la tele, los gritos de las hinchadas, y todo el clima de un partido.
Así siguió mi pre-adolescencia, yendo a la cancha con mi padre, pero sólo a los partidos que él consideraba de “bajo riesgo”, salvo a los de Boca Juniors, a los que gracias a Dios (y por lo que le estaré eternamente agradeciado) me llevaba. Cabe aclarar que vivo en el interior y que mi equipo venía sólo una vez al año a jugar con los equipos de mi ciudad.
Con él viví mi primera experiencia de violencia en un estadio, revuelta en la popular (nosotros íbamos a platea), la policía reprime con gases lacrimógenos, que se expandieron a todo el estadio, mis ojos lloraban sin cesar, mi padre me dijo que me cubriera el rostro con mi camiseta, pero era en vano, al mismo tiempo que veía cómo incendiaban los papelitos que estaban en las ya casi desiertas populares, al preguntarle el porqué de eso me respondió que el fuego hace como de antídoto para el efecto gas. Para colmo los revoltosos saltaron a donde estábamos nosotros, y varios de ellos se ubicaron alrededor sin dejar de insultar a la policía y a todo lo que les parecía mal.
Aclaro que el partido jamás se paró siquiera un segundo, que nadie en la platea insinuó decir algo ante la presencia de estos inadaptados y de sus faltas de respeto hacia todos los que allí estábamos.
Con el tiempo, y siendo ya más grande, empecé a ir solo a la cancha, acompañado de amigos, y también estuve en muchos alborotos en la popular (estimado lector, no crea que era yo el que iniciaba los disturbios, sino que me veía obligado a correr por ser involuntario actor de una escena de terror), pero mi amor por el deporte más hermoso nunca decayó.
Todo era normal, saludos a la vieja los domingos a la tarde y las recomendaciones de rigor, llegada luego del partido y las oraciones de agradecimiento de la mama a la virgen por devolverme sano y salvo.
Ya adulto, y con un poco más de “responsabilidad”, volví a la platea, y eligiendo los partidos, alejándome un poco de los que consideraba “peligrosos”.
Ahora, tengo un hijo de 5 años, y vaya paradoja de la vida me pide, cada vez que ve un partido por TV que lo lleve a la cancha, y mi respuesta es la que me daba mi viejo hace ya 20 años: “es peligroso, y sos muy chico todavía”.
Lo que nunca me había puesto a pensar, es en las vueltas de la vida, y de lo viciado que está nuestro querido fútbol, de cómo unos pocos pueden arruinarle la fiesta a la mayoría.
En este país las cosas no ocurren por casualidad, no hay medidas drásticas que corten por lo sano con la violencia, en este caso del fútbol, se teme a la sanción deportiva, alegando que los partidos no se ganan en los escritorios, mentira!!!!, nunca se ganaron fuera de la cancha y tampoco se sancionó a nigún club con quita de puntos, sólo con AMONESTACIONES o clausura temporaria de su estadio, se instalaron cámaras de seguridad, pero todo sigue igual.
Se pregona en que hay que educar, y sin duda que sin educación nunca se cambiarán estos enfermizos comportamientos, pero hasta que mi hijo y toda su generación pise un estadio falta tiempo, y ¿qué hacemos con los imbéciles de hoy?, como meterlos presos no se puede, o mejor dicho NO SE QUIERE, por lo menos saquemos puntos al club de dónde vino el conflicto, también si se producen aprietes a los jugadores como pasó en River o San Lorenzo, si son sus dirigentes en primer lugar los que les franquean el acceso a donde cualquier mortal no puede llegar.
Y no me vengan con que son socios y que tienen derecho a pisar “su” club. BASTA DE HIPOCRESIA Y DIRIGENTES CORRUPTOS por favor!!!.
No hagan que se pierda la pasión, los que ya la tenemos nunca la abandonaremos, pero mi temor es que los que no la tienen, y les gustaría tener, jamás la sientan, y jamás pisen un estadio.
Porque en mi caso nadie me inculcó la pasión como dije más arriba, pero tampoco me dijeron que buscara otro deporte, algo que tengo mucho miedo de decirle yo a mi hijo

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